Sexismo en la ciencia: el secreto mejor guardado en redes sociales y medios.

Sexismo en la ciencia: el secreto mejor guardado en redes sociales y medios.

Por Vania Figueroa Ipinza, Doctora en Neurociencia, Profesora Asistente en el Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad de O´Higgins. Experta de Hay Mujeres. Socia de Red Investigadoras.

Que existen todas clases de inequidades de género en los espacios donde se desarrolla conocimiento científico y tecnológico, no es ninguna novedad para quienes formamos parte del sistema. La ciencia desde tiempos inmemorables se ha jactado de su rigurosidad, escondiendo bajo la alfombra su carácter androcéntrico. La llegada de las redes sociales puso al servicio del feminismo una poderosa arma para luchar contra la desigualdad de género, la que ya ha comenzado a romper los muros de la aparente “imparcialidad” en el mundo de las ciencias.

¿Cómo se manifiesta el sexismo en este ámbito? Existen múltiples respuestas. En 2008 342 investigadoras nacionales respondieron una encuesta realizada por el Sistema de Enfoque de Género de Conicyt. Un 54% de las entrevistadas, declaró que “ser mujer influyó negativamente en su carrera profesional, y los motivos más relevantes definidos por ellas, para explicar esta situación, se encuentran las actitudes y prejuicios de las personas en posiciones de decisión tales como las actitudes y prejuicios de los colegas varones, los prejuicios sobre las habilidades de las mujeres para el desempeño profesional, y la autoexclusión por responsabilidades familiares, atribuidas a las mujeres”(Conicyt, p1)1. A la luz de estos datos, las opiniones sexistas sobre el lugar de las mujeres en la ciencia, parecen convertirse en una gran barrera para que las investigadoras progresen en sus carreras.

Antes de la revolución tecnológica de las comunicaciones y la instalación de las redes sociales en la vida cotidiana, los prejuicios y opiniones sexistas que enfrentan a diario las investigadoras, a menudo, quedaban resonando en las paredes de los laboratorios, circunscritas al interior de las facultades. Estas acciones se comentaban en los pasillos, pero no atravesaban los muros y muy infrecuentemente se hacían públicas. Lentamente esta situación ha comenzado a cambiar.

La reunión anual de la Sociedad para la Neurociencia, celebrada en New Orleans durante el 2012, es un buen ejemplo de cómo el sexismo en las ciencias ha dejado el anonimato. Ese año, el encuentro científico trascendió fronteras, no por sus más de 28,000 asistentes provenientes de diversos países y tampoco por los avances logrados en la comprensión del cerebro o en las principales patologías del sistema nervioso, sino por los desafortunados comentarios del Dr. Dario Maestripieri, un reconocido psicobiólogo de la Universidad de Chicago, quien refiriéndose al evento científico, escribió en su cuenta de Facebook: “Mi impresión de la Conferencia de la Sociedad de Neurociencias en Nueva Orleans. Hay miles de personas en la conferencia y una concentración inusualmente alta de mujeres poco atractivas. Las súper modelos están completamente ausentes. ¿Qué está pasando? ¿Las mujeres poco atractivas están particularmente atraídas por la neurociencia? ¿Las mujeres hermosas están particularmente desinteresadas en el cerebro? Sin ofender a nadie...” 2.

Al parecer, para el Dr. Maestripieri, no había nada de malo en juzgar a sus colegas por su apariencia. Más allá de eso, lo cierto es que sus opiniones generaron el repudio generalizado de la comunidad científica, y su “reflexión” fue compartida y ampliamente rechazada en las redes sociales, revelando públicamente el ambiente hostil que enfrentan las mujeres en los espacios científicos y tecnológicos, que es más frecuente y violento de lo que la “correcta” academia aparenta. Las investigadoras no son valoradas por sus habilidades, capacidades e inteligencia, tampoco por los méritos de su investigación o las contribuciones a su campo de estudio, son maltratadas y subvaloradas por sus pares.

Para el Dr. Maestripieri, el incidente no tuvo mayores consecuencias, salvo la sanción moral de sus pares y la vergüenza pública por sus dichos. La Sociedad de Neurociencia solo se limitó a señalar en un comunicado que no se referirían a las opiniones personales expresadas por sus miembros y que la organización estaba comprometida con la promoción de la diversidad e incrementar la representación de las mujeres, las minorías y los jóvenes investigadores2. El Dr. Maestripieri a la fecha continúa desempeñándose como profesor titular en la Universidad de Chicago.

El 2002 el bioquímico británico Tim Hunt, pasó a integrar los archivos de la historia científica mundial al adjudicarse el premio Nobel de Medicina o Fisiología en 2002. Trece años después su nombre volvió a dar la vuelta al mundo, pero esta vez por sus dichos sexistas durante una conferencia en Corea del Sur, donde se refirió a trabajar con colegas mujeres, señalando que: “Tres cosas ocurren cuando uno comparte el laboratorio con ellas: se enamoran de uno, uno se enamora de ellas y cuando las critican, lloran”. Otra vez las redes sociales y los principales medios de comunicación jugaron un papel clave en la condena pública de sus declaraciones. Las científicas al rededor del mundo respondieron con una ingeniosa e irónica campaña de protesta a través de Twitter, bajo el hashtag #distractinglysexy, donde compartieron miles de fotos de ellas mismas en sus trabajos científicos cotidianos, en situaciones muy alejadas del estereotipo de “mujer sexy”. Esta vez la campaña por Twitter tuvo un alto costo para el Dr. Hunt, fue tal la efectividad de las redes sociales, que finalmente debió abandonar su cargo honorífico en University College London y también su membresía en el comité de la Royal Society3.

Mejor suerte corrió nuestro laureado en historia, Gabriel Salazar, quien defendió públicamente a los académicos nacionales denunciados por acoso sexual y abuso de poder en un artículo publicado en El Mostrador, dónde señaló: “Hay profesores que buscan más que una relación de amistad con las alumnas, pero a ellas (las denunciantes) yo las veo muy pintiparadas. Dando declaraciones de acá para allá. Yo no las vi muy destruidas psicológicamente. Los que sí están destruidos son los dos profesores acusados, Ramírez y León. Están jodidos. Yo no sé si un acoso estúpido da para la pérdida que se produjo por esto (la destitución de ambos)4. En la balanza es donde hay que ver”. Ante la brutalidad de los dichos de Salazar, las redes sociales y los principales medios de comunicación reaccionaron con el repudio generalizado, sin mayores consecuencias para el académico, quién aclarando sus dichos en algunos medios continuó naturalizando el acoso sexual en las universidades5.

Lamentablemente este tipo de declaraciones relazadas por referentes académicos, contribuyen al silencio de las víctimas y la impunidad de los acosadores. La encuesta realizada por la consultora Isónoma para Conicyt (2016), reveló que en el entorno académico las estudiantes, académicas y directivas han recibido piropos con alguna connotación sexual, seguido del cuestionamiento de sus competencias académicas, debido a algún aspecto de su vida personal. Respecto al acoso sexual, una de las estudiantes encuestadas declaró: “Si yo denuncio, claro, es como hacer justicia y lo voy a superar, pero mato mi vida académica, una mujer que aún está pensando seguir la carrera científica, jamás denunciaría un acoso sexual” 6

¿Cómo afectan las opiniones sexistas a las mujeres en ciencias, tecnología y matemáticas (STEM)? El discurso público de referentes académicos en puestos de decisión, cargado de opiniones sexistas, es uno de los tantos factores que contribuye a generar climas hostiles en los ambientes científicos y tecnológicos. Estos prejuicios y opiniones son valorados por las mujeres como una amenaza real, optando por no proseguir carreras STEM. En otra dimensión, estos prejuicios, se traducen en decisiones sesgadas, que impiden a las mujeres optar a las mismas oportunidades que sus pares masculinos.

Es una constante que las instancias de decisión como asignación de becas, fondos de investigación, aceptación en programas de postgrado, promoción académica y aceptación de publicaciones, estén profundamente masculinizadas, por lo que resulta válido preguntarse entonces ¿cuántas veces un prejuicio de un referente científico en una instancia de decisión ha coartado el progreso de una mujer en STEM? Esto nunca lo sabremos con exactitud, pero un buen ejemplo es lo que le sucedió a la genetista de la de la Universidad de Sussex en Reino Unido, Fiona Ingebly, al enviar a la prestigiosa revista PLoS ONE, su trabajo de investigación respecto a las brechas de género existentes en la transición del doctorado al posdoctorado. Luego de la revisión un par sugirió que: “la adición de uno o dos coautores biólogos mejoraría el análisis”3. Nuevamente Twitter salió al rescate, luego que Ingebly compartiera esta recomendación en la red social usando el hashtag —#addmaleauthorgate—, la que fue compartida más de cinco mil veces, generando una gran ola de rechazo en el ciberespacio, que finalmente obligó a la renuncia del revisor y del editor, culminado con las disculpas públicas del comité editorial de la revista3.

La exclusión de las mujeres y su opinión, en medios masivos y paneles expertos, es otra de las barreras que por décadas ayudó a sostener el mito de la “falta de expertas”. A menudo se observa, por ejemplo, una masculinización de los paneles expertos en todo ámbito, incluido el científico, que implícitamente no reconoce o subvalora el aporte de las mujeres. La buena noticia es que esto hoy en día es percibido como una práctica anacrónica de la que cada vez menos personas quieren ser parte. De hecho, durante julio de 2016, 9 hombres públicos declaraban, a través de una carta en El Mercurio, su voluntad de no asistir paneles conformados solo por hombres7.

El sitio web Panel de Expertos, se dedica a documentar seminarios, foros, congresos y eventos nacionales que excluyen la opinión de las mujeres, usando también las redes sociales para denunciar estas prácticas (@paneldehombres). Sin embargo la denuncia no siempre es bienvenida y las mujeres que se atreven son maltratadas, así le sucedió a la Politóloga Javiera Arce, quien al denunciar la ausencia de mujeres en un panel que discutiría la agenda de transparencia del actual Gobierno, recibió la siguiente respuesta: “Para con tu reclamo histérico, si no fue de mala fe no invitar a mujeres al panel”8. Por su parte, la corporación Hay Mujeres, principal organización chilena y  la primera plataforma de América Latina que promueve la visibilidad y la voz de mujeres expertas en medios masivos, se ha encargado de buscar alianzas estratégicas, como la establecida con Televisión Nacional de Chile, para la realización anual, desde 2015, de un entrenamiento de medios, que entrega a las expertas de Hay Mujeres, herramientas para participar en paneles de conversación, dar entrevistas, gestionar e incrementar su visibilidad en los principales medios de comunicación.

Muy frecuentemente los paneles masculinizados son instancias donde los invitados dan rienda suelta a su machismo. Un ejemplo reciente es lo sucedido en la cuarta versión del festival Starmus, celebrado en junio del presente año en Noruega, cuyo foco es las ciencias, las artes y la música. En un panel de expertos conformado por 5 hombres, todas figuras connotadas en sus campos, y moderado por el famoso periodista y escritor Larry King, el premio Nobel en Economía 2010, Cristóbal Pissarides afirmó que el asistente digital de Apple, Siri, era “más confiable con una voz masculina”. La tormenta por sus dichos sexistas no se dejó esperar, la destacada astrónoma Jill Tarter interpeló a Pissarides por sus dichos y al famoso astrofísico Neil deGrasse, también integrante del panel, por no reaccionar frente a las declaraciones del otro panelista. Twitter fue el depositario del rechazo generalizado de la comunidad científica y de las personas que asistieron al evento. Algunos de los comentarios, puntualizaban la masculinización del evento, ya que de 50 invitados como ponentes, solo 13 eran mujeres. Las duras críticas de la comunidad obligaron a la organización de Starmus, a condenar públicamente las declaraciones de Pissarides9.

En estos paneles, el rol de los moderadores resulta clave para que las mujeres puedan expresar sus opiniones. En la última versión del Festival Mundial de la Ciencia, la Dra. Veronika Hubeny, física teórica y profesora de la Universidad de California- Davis, fue invitada a un panel experto conformado por 7 personas, siendo Hubeny la única mujer. El moderador del panel Jim Holt, periodista y escritor científico, no solo la ignoró durante el evento, sino que cuando finalmente decidió hacerla participe del debate, haciéndole una pregunta sobre el área en la que la Dra. Hubeny es experta, la interrumpió constantemente, regalando un didáctico ejemplo del término “mansplaining” creado por la escritora Rebecca Solnit, para describir la irritante situación que se produce cuando un hombre pretende “traducir” lo que opina una mujer o simplemente “explicarle” a ella misma, algo que es de su dominio o expertise. Esto provocó la irritación de una de las asistentes, la actriz Marilee Talkington, quien a viva voz gritó: “¡déjala hablar!” provocando la aclamación inmediata de la audiencia. Posteriormente Talkington compartió el incidente en su cuenta de Facebook, su mensaje fue compartido más de 11.000 veces en cuatro días10.

Hoy en día negar el machismo que impera en los espacios científicos y tecnológicos, resulta inverosímil. La instalación de Twitter y Facebook como plataformas para las noticias, ha democratizado el acceso a la información y se ha convertido en una poderosa herramienta para el  activismo feminista, pero por sobre todo, para desnaturalizar los micromachismos y microagresiones que ocurren a diario contra las mujeres en todo ámbito, en especial en la ciencia que hasta ahora había resultado un “hueso duro de roer”, sin embargo esta situación, ya está cambiando. La próxima vez que seas testigo o experimentes discriminación de género, “desenvaina” tu Twitter y Facebook, comparte tu historia y lucha contra el sexismo en la academia y el laboratorio, no estás sola.

1.- Conicyt (2008). Principales Resultados Segunda Encuesta. “Diagnóstico de situación y necesidades de mujeres profesionales en el campo de la ciencia y la tecnología en Chile 2008. Santiago, Chile. Recuperado de http://www.conicyt.cl/wp-content/uploads/2015/03/Principales-Resultados-2-Encuesta-de-Diagnostico-Necesidades-y-Capacidades-de-Mujeres-Profesionales-en-CyT-en-Chile-2008.pdf

2.- Lange, C. (2013). Spot the sexist in you. NATUREJOBS | NATUREJOBS BLOG. http://blogs.nature.com/naturejobs/2013/01/08/spot-the-sexist-in-you/

  1. Morello, L. (2015). Science and sexism: In the eye of the Twitterstorm. Nature, 527(7577), 148-151. Recuperado de http://www.nature.com/news/science-and-sexism-in-the-eye-of-the-twitterstorm-1.18767
  2. http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2016/12/27/repudio-a-gabriel-salazar-en-redes-por-calificar-de-acoso-estupido-abusos-sexuales-en-la-universidad-de-chile/
  3. http://www.eldesconcierto.cl/2017/01/19/la-carta-abierta-de-gabriel-salazar-donde-responde-a-criticas-tras-defensa-a-historiador-leonardo-leon/
  4. Isónoma (2016). Realidad nacional en formación y promoción de mujeres científicas en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Santiago: Conicyt. Recuperado de http://www.conicyt.cl/wp-content/uploads/2016/12/Estudio-Realidad-Nacional-en-STEM.pdf
  5. http://www.elmercurio.com/blogs/2016/07/03/43074/Panel-de-hombres.aspx
  6. http://www.latercera.com/voces/paneles-de-hombre/
  7. http://www.ibtimes.co.uk/sexism-row-erupts-starmus-festival-nobel-winner-says-male-siri-more-trustworthy-female-1627370
  8. https://verne.elpais.com/verne/2017/06/08/mexico/1496936040_826575.html