A las mujeres les cuesta mucho reconocerse como expertas

Muy buenas tardes a todos y todas.

Agradezco en lo que vale su presencia y compañía hoy en la tarde en este evento en que nominamos a un grupo de hombres destacados en sus distintos ámbitos como Embajadores Hay Mujeres 2016.

En primer lugar, agradecer la presencia de las autoridades de Estado que nos acompañan:

– Ministra del Trabajo y Previsión Social, Ximena Rincón;

– Ministro de Cultura, Ernesto Ottone;

– Subsecretarias de Economía, Natalia Piergentili y de las Fuerzas Armadas, Paulina Vodanovic;

– Subsecretario de Defensa Nacional y Embajador Hay Mujeres 2015, Marcos Robledo;

– Diputada Jenny Alvarez;

– Representantes del cuerpo diplomático;

– Representantes de organizaciones hermanas;

– Y un saludo especialísimo a nuestro anfitrión, Michael Hammer, embajador de Estados Unidos de América que hoy nos acoge en su lindísima casa.

Amigas y amigos todos.

Como impulsora de Hay Mujeres, plataforma virtual que ha sido posible gracias al apoyo invaluable del gobierno de Noruega, cuya misión es visibilizar la capacidad y la experticia de las mujeres como una dimensión de su liderazgo y del aporte al desarrollo del país, con particular énfasis en los lugares donde se construye la opinión y el debate público, estoy muy contenta de que hoy nos congreguemos en este significativo acto para reconocer a un grupo de hombres que, desde sus campos de acción y distintas sensibilidades, han acogido la invitación de sumarse públicamente a nuestra causa.

Hay Mujeres nació desde la experiencia personal y con un talante afirmativo y propositivo. De asistir a distintos espacios de debate, tanto en los medios como en universidades, gremios, organizaciones no gubernamentales y entidades estatales, y no reconocer allí lo que vemos en otros ámbitos, es decir, la presencia de las mujeres en forma creciente en el mundo de la educación y del trabajo. Aunque pareciera obvio que si las mujeres han roto las barreras de acceso a dichos espacios de la esfera pública, los medios y otros lugares de deliberación y opinión debiera reflejarlo, me di cuenta de que ello no era así. Las mujeres eran visibles pero, al mismo tiempo, invisibles y, cuando eres invisible, no estás siendo reconocido ni dignificado. Y comencé a pensar en que había que, de alguna manera, intencionarlo. De esta forma, nace la idea de crear un sitio web que reúne recursos de información de mujeres con experticia, conocimiento y experiencia en distintos campos del saber y de la actividad humana, de forma que estuvieran allí disponibles y no pudiera decirse de manera tan alegre, cuando se reclama frente a su ausencia, que “no hay mujeres”.

Cuando lo creamos, recién ingresé al mundo de las redes y me di cuenta de que no era un problema endémico de Chile, un lugar que, a ratos, me parece un país de hombres dirigido por una mujer cuando leo los diarios, sino que era global y que, en distintas partes del mundo, iniciativas similares estaban naciendo con distintos nombres pero todas con la misma finalidad: ponerle luz, gracias a las oportunidades que brinda el mundo digital, al talento y capacidad de mis pares. La última ha nacido en Cataluña y se llama “onsonlesdones” (¿dónde están las mujeres?).

Partí, también, pensando que el problema estaba en el lado de la demanda, es decir, que los medios y otros espacios excluían a las mujeres de manera deliberada. Ello sucedía, a mi juicio, como producto de la existencia del prejuicio antifemenino que señala que lo que hace o dice una mujer no recibe el mismo aprecio que lo que hace o dice un hombre debido a las ideas inconscientes influyentes con respecto al género. A poco andar, conociendo más detenidamente cómo funcionan los medios, me percaté que también obedecía a sus estructuras de funcionamiento, esencialmente por la rapidez y la inmediatez, que llevan a que sea más fácil demandar las mismas voces y opiniones, que suelen ser de varones, con el consiguiente resultado: la exclusión de la experiencia, conocimiento e información que las mujeres pueden entregar. Pero también es evidente que muchas veces se demandan mujeres con conocimiento en áreas donde están en números muy incipientes, producto de la segregación vocacional, y ello es un problema adicional que se está comenzando a atacar. Necesitamos más mujeres en áreas tradicionalmente masculinas como la seguridad y la defensa, las ingenierías, las ciencias y  la tecnología, por ejemplo.

Sin embargo, desde 2013 en que nacimos a la fecha, también he podido percatarme de que, como todo en la vida, las cosas no son en blanco y negro y que también hay problemas por el lado de la oferta, es decir, que hay una responsabilidad que recae también sobre nuestros propios hombros y que es necesario reconocer, reflexionar y, sobre ello, actuar.

El primero, es la subestimación. A las mujeres les cuesta mucho reconocerse como expertas en algo, aunque hayan hecho un doctorado en física cuántica pero ésto se superpone con un predicamento atado a la propia socialización según el cual  “calladita te ves más bonita”. A las mujeres no se les ha estimulado a dar su opinión como una dimensión de la construcción de la propia identidad lo que es curioso porque muchas cuentan con estudios superiores. No puedo dejar de recordar acá a Mary Beard, la británica experta en la Grecia y Roma clásicas y premio Princesa de Asturias de este año que, habiendo sido objeto de abuso on line, ha preparado un video que está disponible en You Tube donde denuncia un silencio femenino que  ha venido siendo estimulado desde Homero hasta nuestros días. Un sólo ejemplo lo grafica: el 80% de los comentarios en los diarios digitales son de hombres.

En segundo lugar, que las mujeres deben enfrentar, cuando salen a la esfera pública y, en específico, al mundo de la opinión, una evaluación diferencial que a muchas las inhibe como es su apariencia física, su timbre de voz o su indumentaria. Huelga señalar comentarios que se leyeron ayer en las redes a raíz de la interpelación parlamentaria que tuvo como protagonistas, en el día de ayer, a una ministra de Estado y a una diputada.  

En tercer lugar, algo sobre lo que hay que investigar más y que podemos resumir en el “costo de la opinión“. Tener opinión, más allá de temas propiamente técnicos sino también políticos, referidos al devenir del país, puede acarrear costos profesionales y laborales dependiendo de la arena en la que te desempeñes. Por cierto, sigue siendo el espacio académico el que menos costos reviste para estos efectos. Sobre esto, no voy a abundar pero creo que todos los presentes saben a lo que me refiero. En días pasados, una ex subsecretaria me señaló: “no puedo andar opinando porque tengo que trabajar”.

Ya lo dijo simpáticamente la embajadora Hege Araldsen, a quien reconozco mi principal aliada en esta tarea, en la última entrevista que dio al diario La Segunda antes de terminar su misión, hace pocos días: “En Chile, hablan siempre los mismos cinco gallos”. Demostrando su apropiación de nuestro léxico, ella ratificó lo que los estudios arrojan a nivel mundial: la presencia de las mujeres como protagonistas de noticias en la prensa escrita, en radio y en televisión sólo ha aumentado 24% en 2010 desde 12% en 1995 y por otra parte, el 46% de las historias refuerzas estereotipos mientras que sólo el 6% los cuestiona. Es decir, como ha resumido magníficamente Paula Escobar: no sólo estamos subrepresentadas en los medios sino también mal representadas. Es por ello que Hay Mujeres ha hecho de ellos el foco de su accionar por cuanto son lugares clave de legitimación simbólica que deben hacer un esfuerzo por reflejar el avance del poder y la capacidad femeninos. Cuando una mujer aparece bien en un  medio, no solamente se amplifican sus posibilidades de reconocimiento en otros ámbitos de la sociedad sino que se erige como modelo de rol para otras pero, además, y muy importante, está contribuyendo a conformar una opinión con características de democrática porque, cuando la opinión no es diversa, plural y heterogénea, no es tal. A veces se pierde de vista la relevancia de este último punto cuando la opinión está tan íntimamente a la democracia que ésta última se ha denominado también como “régimen de opinión pública”.

Es por eso que, desde Hay Mujeres, hemos tratado de imaginar estrategias creativas para ir avanzando en la igualdad de género en la configuración de la opinión y el debate público, surgiendo de esta manera tres iniciativas que desarrollamos anualmente: un media training de expertas en alianza con TVN, que está hoy día presente acá en este acto, adaptando a la realidad chilena el modelo de formación de expertas de la BBC británica. El año pasado ya fueron capacitadas 16 expertas de nuestra base para enfrentar los medios en formato televisivo. Agradecemos de manera muy especial al presidente de su directorio, Ricardo Solari, por acoger esta iniciativa a la que vamos dándole forma en conjunto. También realizamos la Convención Hay Mujeres, una actividad que congrega a nuestras expertas que, al día de hoy, suman más de 400, de manera que puedan generar redes entre ellas, participar en talleres simultáneos de gestión de su propia visibilidad y acercarse al conocimiento de una experiencia similar a Hay Mujers en otras partes del mundo. En 2016, pudimos tener con nosotros a la creadora del Hay Mujeres canadiense, denominado Informed Opinion, gracias al apoyo de la embajada de Canadá cuyo embajador tenemos el placer de que nos acompañe hoy día. La tercera iniciativa es la creación de la figura de los Embajadores Hay Mujeres. Es una manera de traer la idea inspiradora de la campaña HeforShe de Naciones Unidas, a este ámbito de preocupación, haciendo a los hombres cómplices y partícipes de nuestra misión.

Los frentes a trabajar, como vemos, son varios y tenemos expectativas en que los prestigiosos hombres que serán nombrados hoy Embajadores Hay Mujeres 2016 se sumen a los nombrados el año pasado, varios de los cuales nos acompañan hoy, ayudándonos a enfrentarlos.  

¿Qué significa este nombramiento que ellos han aceptado gustosos?

Ser embajador de Hay Mujeres consiste en el compromiso de ejercer influencia en favor de esta causa, emprendiendo acciones que promuevan la participación de mujeres calificadas en espacios de debate y decisión. No se necesitan grandes acciones. Todos los gestos, aún aquellos pequeños y cotidianos son de por sí valiosos.

Juntos, hombres y mujeres, podemos revisar paradigmas y cuestionar supuestos que se dan por sentado; reevaluar cómo el trabajo puede organizarse de manera diferente y la forma cómo se asignan responsabilidades entre mujeres y hombres, particularmente en la esfera pública.

A nuestros embajadores les pedimos actuar desde la solidaridad, para el beneficio de toda nuestra sociedad porque andaremos más rápido si sus voces demandan nuestra vocería y si nos comparten su participación y consejo.

Gracias a todos hoy por su presencia y participación de este emotivo acto donde, a los 22 embajadores Hay Mujeres nombrados el año pasado se suman los 16 que hoy serán destacados. Quiero destacar que se trata de un nombramiento acumulativo de forma que, todos los años, irán sumándose más hombres a esta tarea de forma que hagamos que sea un trabajo de toda la sociedad.

No puedo terminar sin agradecer el apoyo de todo el equipo de la embajada, partiendo por el embajador Hammer y, de manera especial, a Kimberly, Sandra y Mónica que no han descuidado detalle. También quiero agradecer al equipo de Hay Mujeres, quienes trabajan por esta causa absolutamente pro bono: Soledad Martin, Paola Andrade, que nos apoya desde Finlandia, Daniel Contreras y a mi querido amigo Cristián Leporati, director de la Escuela de Publicidad de la Universidad Diego Portales bajo cuyo alero y en un trabajo académico con sus propios estudiantes, nació la marca Hay Mujeres. Finalmente, y pido disculpas de antemano si olvido a alguien en forma involuntaria, al equipo de la agencia de publicidad Patio B quienes, cuando supieron de esta iniciativa y del acto que hoy nos reúne, prepararon espontáneamente el inspirador video que abrió esta ceremonia, incluyendo ex profeso de forma protagónica a nuestra infancia.

A todas y a todos, infinitas gracias!